Escenario mítico

COL D’AZET//

Hay puertos que se caracterizan por las curvas enlazadas en un trazado en el que la carretera importa más que la pendiente, porque, como puede ir por cualquier sitio, y no por el único que deja disponible la naturaleza, genera dibujos difíciles de olvidar cuando los ves por primera vez en un mapa: Orduña, Alpe d’Huez, Lacets de Montvernier, Cap de Long, quizás el Col de Menté, por supuesto el Stelvio…

La vertiente del Col d’Azet que da al valle de Louron, la que asciende desde el pueblo de Génos, a orillas de lago de Loudenvielle, tiene algo de eso. Por supuesto que los enlazados de curvas suelen ser indicativo de una pendiente constante y, pocas veces moderada, pues se trata, en el fondo, de hacer los menos metros posibles de carretera. Por eso, si véis esas formas en un mapa, meted el plato pequeño y pensad en mantener un ritmo constante. Sin venirse muy arriba, porque es improbable que la vertiente suavice mientras sigan sucediénse las horquillas.

Ya habíamos contado en el vídeo dedicado a la otra vertiente, la que parte de Saint-Lary-Soulan, que la presencia del puerto en el Tour no había sido acorde al trazado clásico de la carretera. Se trata, sin duda, de un puerto de unas características muy típicas de los Pirineos. Ya sabéis, la idea esa simplificada de que en los Alpes encuentras puertos largos y tendidos y en los Pirineos, más cortos y empinados. Pues bien, ése es el caso de Azet. No demasiado largo, ni siquiera ocho kilómetros, pero de pendiente constante y siempre considerable. Una media por encima del 8% es una señal de cierta dureza. Los cuatro primeros kilómetros, los que remontan la ladera enlazando horquilla tras horquilla, andan bien por encima del 9% de pendiente. Es verdad que luego la segunda mitad es un poco más suave.

Esta introducción sirve para intuir que el puerto tiene efectivamente dos mitades más o menos diferenciadas. La primera es la parte de las horquillas, que se eleva sobre Génos sin apenas alejarse de él. Comienza, ya habéis visto, a bote pronto, en las propias calles de la población. Luego, en la segunda mitad, vamos a avanzar hacia el paso, alejándonos ya del pueblo. La primera parte es las más empinada y también la que tiene menos vistas. No digo peores, sino menos, porque la carretera está remontando una ladera que no es una pradera, sino una especie de bosque que tapa las vistas hacia el otro lado del lago, donde reina la estampa del Peyresourde.

Podemos entretenernos, eso sí, viendo a los parapentistas sobre nuestras cabezas. La orientación y la pendiente de la ladera debe de ser buena para volar, pues hay varias escuelas de vuelo abajo, junto al lago. Ojo a las furgonetas que suben a parapentistas a toda velocidad por la carretera. Seguro que conocen el trazado mejor que yo, pero impresiona ver a esas viejas Ford Transits apurando la frenada en las horquillas.

Podemos entretenernos mirando al cielo, a los parapentistas, o recordando cómo fue justamente aquí donde Indurain, en 1991, se vistió de amarillo por primera vez aquella en aquella llegada a Val Louron. En esa ocasión no se llegaba al puerto, a donde vamos nosotros, sino a la estación de esquí, a la que se accede por un desvío a menos de dos kilómetros de la cima. Bueno, en realidad la carretera lleva a la estación de esquí y vamos a ser nosotros los que nos desviemos para llegar a lo más alto.

En aquella ocasión la etapa llegaba tras haber salido de Jaca. Y lo hacía tras unas etapas maratonianas previas, abandonos masivos, traslados obligatorios en avión que los ciclistas no querían realizar, protestas por la exclusión de quienes viajaron en coche y también por la obligatoriedad del uso del casco si hacía calor. Sí, efectivamente eran otros tiempos. Y también eran otros tiempos para la magnitud de las etapas. Y es que habían salido de Jaca, decía, y en 230 kilómetros de recorrido les esperaban el Portalet, el Aubisque, el Tourmalet, el Aspin y, finalmente, la subida a Val Louron. Estamos hablando de más de 6.000 metros de desnivel positivo.

De vuelta al presente, ya en la parte alta del puerto, lo que más llama la atención son las vistas del Peyresourde, de la estación de Peyragudes, con esa pista de aeropuerto -una base afgana en la ficción- en la que aterriza James Bond en El Mañana Nunca Muere. Eso, mirando hacia el este. Hacia el otro lado, reina Pla d’Adet y el Portet. Por eso este paso será de nuevo el enlace en esa conexión que va camino de clásica: Luchon, Peyresourde, col d’Azet, descenso a Saint-Lary y ascensión final al Portet, un concentrado de escaladas en menos de 70 kilómetros de longitud.

NombreVertienteAltitud (m)Longitud (km)Desnivel (m)Pendiente (%)
COL D’AZETGénos1.5807,46168,32

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